miércoles, 27 de abril de 2011

Vida Y Obra De Ramon Castilla

Ramon Catilla y Marquesado

Ramón Castilla y Marquesado (Tarapacá, 31 de agosto de 1797 - Tivilichi, 30 de mayo de 1867) fue un militar y político peruano que asumió el cargo de Presidente del Perú en cuatro ocasiones. Es considerado patrono del Arma de Caballería del Ejército Peruano.
Asumió el gobierno por primera vez luego de la muerte del general Domingo Nieto por un corto período en 1844. Luego asumió en 1845 y gobernó hasta 1851; más tarde, de 1855 a 1862, y, finalmente, durante un breve periodo en 1863.


Primeros años




Nació en el poblado de San Lorenzo de Tarapacá el 31 de agosto de 1797 durante el Virreinato del Perú, fue hijo del bonaerense Pedro de Castilla y de Doña Juana Marquesado Romero. Su abuelo, el español Pedro Pablo Castilla, fue empleado de hacienda durante el virreinato.
En 1812 se enroló, junto con su hermano Leandro, en el ejército realista. Contaba entonces con quince años. Participó activamente en las campañas contra la patria vieja chilena. Tras la derrota de los insurrectos independentistas recibió en Santiago, en 1816, el despacho de cadete efectivo en el regimiento de caballería Dragones de la Frontera.
A los veinte años, como oficial de escolta del Brigadier Casimiro Marcó del Pont en el ejército español, cayó prisionero con él tras la Batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817 en la hacienda "Las Tablas" cercana a El Quisco. Enviado al campo de detención de Las Bruscas en Buenos Aires, logra escapar junto al también prisionero realista Fernando Cacho en cuya compañía retorna al Perú en una marcha a pie que duró 5 meses atravesando 7 mil millas, muchas veces por territorios salvajes, y que resulta de por si una hazaña no repetida. Reintegrado al ejército real, en 1820 recibe el grado de teniente, continua en filas realistas hasta 1821 año en que proclamada la independencia del Perú, se une al ejército patriota al mando del general Don José de San Martín.
Tras las batallas de Junín y Ayacucho, en esta última fue herido dos veces,[3] ascendió a teniente coronel. En el hospital de sangre donde fue conducido para atender sus heridas tendría ocasión de reencontrarse con su hermano Leandro quien habíase mantenido leal a la causa del rey y como él también había resultado herido.[4] [5] En 1825 pide licencia para visitar a su familia en su provincia natal, a su paso por Arequipa conoce personalmente a Simón Bolívar, quien como recompensa a sus servicios lo nombra prefecto de la provincia de Tarapacá.
Ñ== Presidencia de la República == Castilla gana las elecciones de 1845, juramentando el cargo de Presidente Constitucional el 20 de abril de ese año, para un mandato de 6 años, de acuerdo con la Constitución peruana de 1839. Gobernó hasta 1851, realizando muchas obras en todos los campos, saneando la paz interna y la organización del país.
Lo sucede el general José Rufino Echenique cuyo gobierno suscita levantamientos. En enero de 1854 la rebelión se concentró en Arequipa terminando por acaudillar el mismo Castilla.
El 3 de diciembre de 1854 en la ciudad de Huancayo, se dio la ley de abolición de la esclavitud. La ley se aplica en cuanto Castilla derrota a Echenique en la Batalla de La Palma el 5 de enero de 1855.
En reacción a la abolición los principales diarios de Lima se alarmaron de las futuras consecuencias de la liberación de los esclavos, y los principales hacendados del país formaron una junta presidida por Antonio Salinas y Castañeda, hacendado del valle de Huaura, para plantear el monto de una indemnización y representar al latifundio ante el gobierno.
Ese mismo año, los mismos hacendados impusieron al gobierno un reglamento de policía rural muy estricto para prevenir los esperados desbordes consiguientes a la abolición.
En enero de 1855 Castilla es elegido Presidente Provisorio. El 19 de octubre de 1856 proclama una nueva Constitución, que ocasiona la Guerra Civil de 1856 hasta 1858. Al finalizar la guerra, Castilla convoca a un Congreso el 24 de octubre de 1858 que lo ratifica como Presidente Constitucional hasta 1862. Este congreso será relevado de sus funciones instalándose uno nuevo en 1860.
El 13 de noviembre de 1860 promulgó una nueva Constitución, que vendría a ser la Carta Política de mayor vigencia en la historia del Perú ya que rigió hasta 1920.
En su gobierno destacó la abolición del tributo indígena y de la esclavitud, contradictorio a su autorización de importar esclavos de Colombia.
Abolió la pena de muerte. También da inicio al sistema postal y al sistema de presupuestos de obras públicas
En 1862 lo sucede el mariscal Miguel de San Román quien al fallecer en menos de un año de gobierno hace que Castilla asuma por cuarta vez la presidencia, en forma interina, y permanezca en el poder hasta el regreso de Juan Antonio Pezet, Primer Vicepresidente, el 5 de agosto de 1863.
En 1864 condena la política internacional del gobierno de Pezet, siendo apresado y desterrado, si se hubiera tratado de un enemigo cualquiera, el gobierno simplemente lo hubiese encarcelado y deportado a algún país vecino, pero era el Mariscal Ramón Castilla, por eso Pezet lo envió hasta las playas del Peñón de Gibraltar, pensando que allí, no haría brotar ejércitos de la nada con tan solo, pisar el suelo, pero sin embargo esta medida, no favoreció al gobierno pues, Pezet de todas formas seria derrocado, gracias a la chispa que había dejado encendida Castilla antes de su destierro, lo que daría lugar al surgimiento de figuras pertenecientes a una nueva generación. En su ausencia se produce el Combate del 2 de mayo.A su regreso al Perú, es deportado a Chile por orden del Presidente Mariano Ignacio Prado y desde allí, ya septuagenario, se rebela contra el derroche de la Hacienda Pública y desembarca en territorio peruano en Pisagua (Puerto de Tarapacá) con una pequeña escolta, regresando de este modo al país con el propósito de tomar por quinta vez las riendas del gobierno. Muere durante el viaje hacia la ciudad de Arica, en el desierto de Tivilichi el 30 de mayo de 1867, sus últimas palabras fueron: "Un mes más de vida Señor y haré la felicidad de mi patria, sólo unos días más".
Su único hijo Juan Castilla , Ayudante Mayor del coronel César Canevaro, moriría en la Batalla de San Juan y Chorrillos, durante la defensa de Lima ante en el ejército chileno en enero de 1881.


Efigie de Castilla
Como dijo una vez Jorge Basadre; Ramón Castilla es en resumen lo mejor de nuestros primeros cincuenta años, es aquella figura a la que todos llaman taita, el libertador del negro, el redentor del indio, un hombre realmente muy sencillo y del pueblo, y que llegó con su nombre muy adentro de las multitudes. Por eso era que al grito de: ¡Viva Castilla! La gente se iba a Matar, y al grito de: ¡Viva Castilla! Se hicieron y deshicieron Revoluciones hasta el mismo dio de su muerte, sobre el escribió Carlos Augusto Salaverry diciendo: La pluma de la historia dirá un día, Cuando su cetro la verdad recobre:"Fue tan patriota como se podía, Y aunque el oro a sus plantas esparcía; El pueblo le bendijo: Murió pobre."
Leyendo su biografía podemos decir: “Aquí se aprende a triunfar”. Con el vencedor de Barón, de Yungay, de Intiorco, de Cuevillas, de Pachía, de San Antonio, de Carmen Alto, de Iscuchaca, de la Palma, de Arequipa, de Mapasingue , cabe decir: He Aquí un guerrero peruano cuya exaltación puede hacerse sin lamentaciones de “yaraví".
Recordemos que en la Batalla de Yungay cuando el general Manuel Bulnes se retiraba tuvo su famoso encuentro con Castilla y le dijo: "Nos han sobado, retirémonos a San Miguel donde podremos proseguir el ataque", “No hemos venido a correr”, le respondió Castilla. Y tomando unos batallones los condujo a la boca de la quebrada de Ancash y decidió la batalla.


Reconocimiento
 
Por ley aprobada en el congreso de la república el 25 de junio de 1867 hizo que se tomaron las disposiciones necesarias para los funerales de Castilla, el gobierno del Coronel Prado (contra el que se había sublevado) ordeno gastar 16 mil soles en el mausoleo del Mariscal que debía llevar la inscripción: “El Perú al Gran Mariscal Ramón Castilla”.
El 9 de diciembre de 1940 el teniente coronel del ejército argentino Raúl Aguirre Molina pronunció el siguiente discurso al entregar una placa conmemorativa al monumento de Castilla:
“En mi tierra, en su más bello ambiente, el de los gauchos, un criollo conquista fama y nombradía, cuando en las justas camperas, no pudiendo dominar la ferocidad del redomón, el jinete cae a tierra con las riendas en la mano. Castilla sublimizó la proeza. Cuando su trompa de órdenes tocó ¡Alto! Al final de la jornada, el jefe hecho pie a tierra, apoyó la cabeza sobre el pecho de su ayudante, y, como buen soldado de caballería murió con las riendas en la mano”.

te muestro un video de la tumba de ramon castilla:



domingo, 24 de abril de 2011

Antonio maría claret

 San Antonio María Claret

San Antonio María Claret y Clarà C.M.F.  (Sallent, 23 de diciembre de 1807 - Abadía Cisterciense de Fontfroide, 24 de octubre de 1870), Español, Arzobispo de Santiago de Cuba y confesor de la reina Isabel II de Borbón. Fundador de la Congregación religiosa católica de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Misioneros Claretianos) (Cordis Mariae Filii -C.M.F.-) el 16 de Julio de 1849 y, con la Venerable María Antonia París de San Pedro, de la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas el 27 de agosto de 1855. Es patrono de estas congregaciones, los claretianos, co-patrón de la Diócesis de Canarias y de los tejedores.
 


Vida

Quinto hijo de Juan Claret y de Josefa Clarà, es bautizado como Antonio, y solamente más tarde, en su ordenación episcopal, incluirá el nombre de María en el suyo por devoción a la madre de Jesucristo. San Antonio Maria Claret iba con frecuencia con su hermana Rosa a llevarle flores a una capilla. Trabajó en los telares de su padre desde los doce años. Ya con diecisiete, su padre lo envía a la escuela Comercial de La Lonja en Barcelona para apoyar su carrera como industrial textil. A pesar de su prometedor futuro, después de cuatro años regresa a Sallent, su pueblo natal, e ingresa en el seminario de Vic con 22 años. Su primera intención es hacerse cartujo, pero no la llevará a cabo. Se ordenó finalmente sacerdote en 1835 en Solsona. En 1839 viaja a Roma con la intención de ingresar en la Propaganda Fide (Propagación de la Fe) y prepararse para convertirse en misionero, pero un año después regresa a España por motivos de salud.
De nuevo en Cataluña, se le confía la parroquia de Viladrau. Viajará mucho por las tierras catalanas entre 1843 y 1847 hasta que es enviado por el obispado a Canarias. En 1848 fundó la Librería Religiosa, a través de la cual intenta luchar a favor de la fidelidad a la religión católica dentro del país. En 1849 regresa a Vic, donde funda la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María junto con los sacerdotes Esteve Sala, Josep Xifré, Manuel Vilaró, Domènec Fábregas y Jaume Clotet y casi inmediatamente recibe la notificación de su nombramiento como arzobispo de Santiago de Cuba, el 20 de mayo de 1850, a donde se traslada un año después. Fue consagrado el 6 de octubre de 1850 por Llucià Casadevall Duran, obispo de Vic, actuando como co-consagrantes Josep Domènec Costa i Borràs, obispo de Barcelona, y Florencio Costa y Montón, obispo de Gerona.
En Cuba, con la madre María Antonia París, fundó el inmaculado corazon de mariá en 1855. En 1856 sufre un atentado durante una visita a Holguín y un año más tarde vuelve a España al ser nombrado confesor de la reina Isabel II. La reina lo elige también como protector de la iglesia y del hospital de Montserrat de Madrid, y en 1859 Presidente de El Escorial. Además ostentará el título, un tanto honorífico, de arzobispo de Trajanópolis in partibus infidelium (en país de infieles).
Con motivo de la revolución de 1868 tiene que exiliarse a París junto con la reina, donde funda las Conferencias de la Sagrada Familia.
En 1869 participa en la preparación del Concilio Vaticano I, en el que interviene defendiendo la infalibilidad pontificia. Posteriormente se traslada a la comunidad que sus misioneros tienen en Prades (Francia), pero tendrá que refugiarse en la abadía de Fontfroide al ser perseguido por motivo de sus vínculos políticos con la corte de Isabel II. Allí fallece a los 63 años, el 24 de octubre de 1870. Sus restos mortales se trasladaron a Vic en 1897. Es beatificado por Pío XI el 25 de febrero de 1934 y canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950.

Hagiografía

Dentro de la hagiografía del santo, se suelen destacar como un hecho importante su obsesión infantil por la eternidad. Se cita así frecuentemente que solía repetir en su cabeza las palabras: "Siempre…siempre…jamás…jamás!". Otro momento que se destaca es cuando en una misa escuchó las palabras del Evangelio: "¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si finalmente pierde su alma?" (Autobiografía, 68), que le hace consultar al padre Pablo Amigó de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. "Hijo mío"- le contesta el religioso- "tu deseo es bueno. Es el Señor el que te lo inspira….". La conversación le satisface y se impone la obligación de estudiar latín sin abandonar en un primer momento sus ocupaciones habituales. También entra dentro de esta categoría su salvamento supuestamente milagroso cuando se cayó al mar desde una peña y, ya que no sabía nadar, se encomendó a la Virgen María. Su recuperación tras el atentado de Holguín, el día antes de la fiesta de la Purificación de la Virgen se atribuye también a la intercesión mariana.

El papel del padre Claret en la España de su tiempo

La biografía del padre Claret está profundamente influenciada por la historia de la época. Así, su marcha a Roma en 1839 coincide con el fin de la Primera Guerra Carlista, en la que Cataluña y su clero apoyan al pretendiente Carlos María Isidro de Borbón en nombre de Cristo Rey a cambio de la promesa de la vuelta al foralismo. De igual manera, es destinado posteriormente a Canarias durante el final de la guerra de los matiners, que prendió en Cataluña después de la crisis agraria e industrial de 1846 solapándose en el tiempo con el fracaso del arreglo matrimonial entre Isabel II y el pretendiente Carlos Luis de Borbón y Braganza, hijo del anterior, y que a veces se denomina Segunda Guerra Carlista. Antonio Claret era un personaje conocido en Cataluña y de gran influencia en los feligreses, que acudían a escuchar sus sermones realizados en su propia lengua, el catalán, incluso desde algún balcón de la plaza pública de los pueblos que visitaba, al ser las iglesias demasiado pequeñas. Para que fuera autorizada la predicación en lengua vernácula se dirigió personalmente a la reina Isabel II diciéndole: "Nosotros predicamos en español y ellos se condenan en catalán". Su exacerbada defensa de la fe despertó sin embargo oposición por parte de aquellos campesinos que veían en el clero un valedor de las antiguas estructuras sociales.
Una vez en Cuba, se ganó la enemistad de muchos ya que predicó la igualdad de los negros y los blancos frente a la postura de la Iglesia, no condenatoria de la esclavitud. No obstante, en lo Antonio siguió siendo un prelado conservador que creía que Cuba podía ser libre bajo la Corona Española, aunque intercedió a favor de los insurrectos independentistas de Joaquín de Agüero, con lo que se valió opositores y simpatizantes en todos los sectores políticos de la isla. El atentado de Holguín se produce, pues, en este contexto.
En España, el padre Claret contribuyó en gran medida a revivir el espíritu evangélico en un país en el que no bastaba el Estado para el mantenimiento de la unidad católica frente a la difusión de las ideas liberales y reformadoras que empezaron a asomarse en la década de 1830 y parecen triunfar efímeramente en la revolución de 1868. Sin embargo, la influencia del catolicismo pervivirá mediante la presión y el poder social de la Iglesia y sobre todo mediante la educación católica. El anticlericalismo de los intelectuales y pseudointelectuales proporcionó un tosco frente ideológico opuesto a las firmes convicciones populares a favor de las actividades eclesiales. Las giras misioneras de Claret se iniciaron en los tiempos convulsos de la oposición de los gobernantes liberales a una Iglesia comprometida con el Carlismo y que ha sido objeto de la desamortización de Mendizábal, de asesinatos de sus monjes –como en julio de 1835-, la intimidación de sacerdotes por parte de las autoridades locales y de sacrilegios en los templos por parte de sectores procedentes de la clase obrera anticlerical. Estas giras tuvieron un éxito enorme: se decía que se habían vendido más de cuatro millones de ejemplares de su Catecismo de la doctrina cristiana (1848) (Mariano Aguilar).
Abadía de Fontfroide.
Desde que es nombrado confesor de la reina Isabel II en 1857 incita a la aristocracia a emprender obras piadosas y de caridad recordándoles el peligro de una revolución social que traería la difusión del ateísmo (Carr, 280). Además se convirtió en blanco favorito de radicales y liberales por considerarle cabeza del catolicismo político. Se decía que la reina le tenía ya por santo capaz de obrar milagros y que bajo su influencia se convirtió en una beata (Carr, p. 280). Como afirma Mariano Aguilar, aconsejó en varias ocasiones a la reina que eliminase de su gobierno los principios liberales que él consideraba incompatibles con la enseñanza y los intereses de la Iglesia. Su influencia se sumó a la de la monja mística sor Patrocinio, también perteneciente al clero cortesano. Ambos fueron objetos de caricatura en el libro de los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer “Los Borbones en Pelota”